¿Para que podría servir saber de memoria y recordar con precisión anecdótica a lo largo de los años, los nombres de la familias del pueblo? Un sábado por la noche, el sesentón fracasado, visita con su madre al amigo rico. Después de la cena, fallida, podrá comprobar hasta que punto haberse negado, a esa incomprensible taquigrafía de apellidos parentescos, y vecindades, puede resultar en extrañas danzas de muertos vivos bajo el lunático resplandor de la televisión.