Alguien ha sido quemado en el 1600. Se sospecha que sus ideas cosmológicas irritaron a la Iglesia. Tal es la cómoda autopsia que subsiste hasta hoy. Pero cabe sospechar que hubiera sido quemado dos siglos más tarde en nuevos tribunales, con otra ciencia, o cuatro siglos después, quien sabe. En estos dos textos de 1588 y 1590, Giordano Bruno esparce pensamientos que incendian por si mismos en todo tiempo.