Deleuze ama a Spinoza y lo ama tanto que lo hace de un modo spinocista. Compone una armonía en la que ya no se distinguen los dos filósofos. Así, desde las pequeñas concepciones infinitesimales que nos constituyen, pasando por los vicios, la sexualidad, las enfermedades, las relaciones de pareja, hasta la cuestión de la tiranía y el cultivo social de la tristeza, En medio de Spinoza, hace de la filosofía una atmósfera práctica para habitar la posmodernidad.